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El rugby inclusivo, una puerta que se abre y una historia que merece ser contada

Reproducimos la nota de “El Interior” en donde se destaca la participación en el Máximo Navesi de Mariano y Francesco, de la categoría M7. Dos jugadores con Síndrome de Down que dejan todo en la cancha. Rugby, inclusión y deporte!

La 41ª edición del Máximo Navesi no fue una más: en la categoría M7 de Marista se dio un hecho que conmovió y esperanzó de que las posibilidades pueden ser para todos las mismas. Francesco y Mariano, chicos con Síndrome de Down, participaron de los encuentros y El Interior te cuenta cómo se gestó la idea cuyo único fin es incluir y hacerle un bien a la sociedad.

Francesco Alessi, un chico con Síndrome de Down, tiene 6 años y ahí es uno más. Detrás de él están todos sus compañeritos. Tiene la pelota de rugby en sus pequeñas manos ante la atenta mirada, expectante, de padres y familiares de toda la categoría M7 de Marista y gente que, asombrada, se acerca a observar la situación. El grupo de niños, todos juntos, se dirigen a marcar un try. Francesco apoya y en el Máximo Navesi aplauden la que sin dudas es la historia más importante de la 41ª edición.

Pero… ¿Cómo llegó Francesco a ser la noticia más bonita de un evento con tantos años de trayectoria y tan importante a nivel nacional en el mundo de la ovalada? No es una historia más y por esto merece ser contada. Sus padres, Claudia Olguín (46) y Guillermo Alessi (46), junto a Matías Ceglie (actual entrenador de la M7 de Marista y ex pilar y 3ª línea del club en sus épocas de jugador), dieron un paso juntos a fin de aprender, innovar y dejar atrás un sinfín de miedos. Apostaron por ignorar las puertas cerradas y decidieron abrir una, que puede transformarse en muy importante con el correr del tiempo.

El Máximo Navesi fue el escenario de algo que, por desconocimiento, quizás para muchos es imposible. Pero que con fuerza, voluntad y predisposición, se puede lograr.

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¿Cómo surge esta gran historia?

Matías Ceglié explicó cómo surgió la idea: “Yo soy entrenador de la M7 de Marista. Ésta vez me puse a pensar cómo podíamos darle una vuelta de tuerca, qué se podía hacer de novedoso. Y surgió esto: cumplir una función social con los chicos, con sus familias, con el resto de los jugadores de la categoría (NdeR: entre los cuales está su hijo) y con los demás papás”.

Y continuó: “Tuve que investigar un poquito sobre el tema, instruirme, para poder incorporar a un chico con Síndrome de Down a las filas de la categoría. Primero pedí autorización en el club y me apoyaron, al igual que los otros entrenadores de la división. Luego contacté a Juan Chirca, que está en la Asociación Down Mendoza, y le expliqué la idea. A él le pareció excelente porque todo el tiempo están peleando para ingresar en los distintos ambientes y acá les estábamos abriendo la puerta”.

“Juan Chirca me contactó con padres y madres de chicos con Síndrome de Down y así llegué a Claudia y Fernando y a los padres de Mariano Navarro, otro chico de 6 años que entrena con nosotros. Hablé con ellos y les expliqué que esto no era el rugby que veían en la televisión, que no se golpean, que no hay riesgos físicos para ninguno. Ellos estuvieron encantados y empezamos a hacer camino, a aprender juntos. Quedaron atrás los miedos y el esperar a que otros se muevan por nosotros”, explicó Matías.

La historia, contada con mucha pasión por Ceglie, sigue así: “Daniel Fernández es una persona clave en todo esto. Él está muy involucrado con el rugby inclusivo en Buenos Aires. Hablé mucho con él para no meter la pata, que es algo muy fácil de hacer desde el desconocimiento de no saber cómo tratarlos. Necesitaba que él me orientara un poquito. En Buenos Aires hay experiencias de chicos de 23 años que juegan en la M15. Por las aptitudes físicas está bien que estén en esa categoría, cada vez jugando más e involucrándose con el juego, aunque esto último es lo de menos”.

“Además de Francesco, el mismo día empezó Mariano, que son amiguitos entre ellos. Yo les pedí continuidad a los padres como se la pido a todos, porque en la categoría son más de 50 y un entrenamiento común son alrededor de 30, entonces un chico que no va seguido se pierde de muchas cosas y no logra involucrarse. Nos pasa eso por ejemplo con Santiago, de quien no me quiero olvidar, otro chico con Síndrome de Down, que no ha podido ir mucho pero que también se suele sumar”, contó.

A la hora de incluirlos, Matías destacó la rápida inclusión de ambos en el grupo de chicos: “Francesco y Mariano son uno más en nuestro grupo. Por ahí el resto de los chicos van un poquito más rápido, es imposible que ellos dos les sigan el ritmo. Incluso el resto del grupo los cuida, los llevan, los traen y no hace falta decirles qué hacer: lo hacen, a veces, sin órdenes nuestras, de los entrenadores. El tema de la inclusión ha sido rapidísimo, realmente. Los demás padres también han apoyado desde de su lugar, todos están fascinados con esto”.

 

¿Cómo repercutió esto en Marista?

“Esto generó un efecto importante dentro del club. Por ejemplo, cuando estábamos jugando en el Máximo Navesi vino el presidente del club, el coordinador del rugby infantil también a verlo. Todo el tiempo recibimos muestras de apoyo y felicitaciones por parte de Marista”, explicó Matías.

Claudia, la madre de Francesco, feliz por esta oportunidad

Claudia Olguín contó sus experiencias luego de recibir el llamado de Matías para sumar a su chico a los entrenamientos en el club: “Mi experiencia es de felicidad. Llegar a un club y que me abra las puertas es lo más importante como mamá, porque yo ya he andado por clubes y me dicen lo mismo, siempre: ‘no estamos preparados’. Acá me ofrecieron aprender juntos. Lo más feliz es sentirse incluidos”.

Sin dudas, a Francesco esto le brinda un sinfín de beneficios: “Esto le aporta confianza a Francesco, mucha confianza para vivir el día de mañana sin depender de nadie. Y esa es mi meta: él tiene que vivir sin mí. Y así como está jugando con un grupo ahora, algún día pueda viajar, irse a un campamento. Él tiene que aprender a vivir solo, a ser independiente. También le aporta en cuanto a la motricidad, la coordinación. Sus músculos y movimientos motrices no son los mismos que el resto de los chicos y esto le dará fuerzas y musculatura.”

Un proyecto a futuro, sin descuidar el hoy

Matías explicó que “la idea que tenemos es que él pueda estar sólo en el club todo un día, que sepa dónde está la cantina, el baño, etc. Que él se sienta seguro y tranquilo y que conozca a la gente, además de que a él lo conocen todos por su condición. Como proyecto está bueno todo esto, pero lo importante es hoy, su cara de felicidad y la de los padres cuando se está entrenando”

Claudia, por su parte, se esperanzó en que esta puerta puede abrir otras: “Ojalá genere efecto contagio esto. La gente de Chile y La Plata, en el Máximo Navesi, estaba admirada. Le mandaban fotos a sus conocidos que tenían a chicos con Síndrome de Down y eso se empieza a ver en todos lados y puede generar un efecto dominó”.

Matías explicó la diferencia entre integrar e incluir a chicos con esta discapacidad: “Hay una realidad y es que esto puede crecer y que lleguen muchos más chicos al club. No buscamos tener 15 chicos con Síndrome de Down en una división, porque de esa manera deberíamos armarle un equipo aparte y ahí los estaríamos integrando. Incluir es algo distinto: incluir es que todos los clubes comencemos a hacer esto. Ya estuve hablando con gente de Los Tordos, por ejemplo, y les gustó la idea. Espero que con todos los clubes pase lo mismo. Nuestra idea es la inclusión, que ellos no estén separados de nadie y sean uno más en cada institución”.

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Las puertas cerradas en más de un lugar 

Claudia contó que en varios clubes en su momento le cerraron la puerta y también contó cómo ayuda desde su lugar de madre en los entrenamientos de la M7 de Marista: “Este verano a nosotros nos rebotaron en tres clubes. Queríamos llevarlo a una escuela de verano, una pileta, pero no pudimos. Hay mucho miedo de la gente de querer empezar, de informarse un poquito. Y hay un tema que no es menor que es económico: recibir un chico especial, que requiere más atención, demanda que no puedan recibir el número total de niños que ellos quieren. Con Matías llegamos al acuerdo de que yo siempre iba a estar con él en los entrenamientos. Soy una facilitadora, hago una medición entre lo que pide el instructor (Matías) y lo que debe hacer mi hijo”.

Matías aportó: “Hay veces que ellos no entienden la consigna en forma inmediata y necesitan un pequeño apoyo, que eso se lo brindan los padres, los hermanos o quién lo acompañe. Yo necesito que ellos estén con él y en la medida que hacen las cosas o no, ellos aparecen para ocuparse”.

Un semana en la vida de Francesco

Su mamá lo explica con lujo detalle: “Francesco tiene una vida muy atareada. Los lunes, miércoles y viernes va a la escuela Fortín San Martín en horario de mañana y además tiene terapia por las tardes. Los martes y jueves tiene otras terapias. El miércoles es el día más agotador y a veces termina cansado, porque también entrena, pero yo lo saco del encierro. Los sábados cierra su semana con su último entrenamiento en el club”.

Guillermo, papá de Francesco, destacó la importancia de su esposa en todo esto: “Claudia es la que pasa más tiempo con él, le cumple todos los horarios. Yo trabajo todos los días de 8:30 a 18 entonces hay cosas que las pierdo. El sábado sí lo llevo yo y Matías dice que los sábados no quiere hacer nada y la diferencia se nota (risas)”.

“Al principio tuve miedos e incluso se lo plantee a Claudia, pero luego uno lo piensa en frío y ¿por qué no aprender juntos? Teníamos mucho por ganar, realmente. Estoy muy conforme con esto, es algo nuevo para todos y por eso le agradecí a Matías que nos hayan tenido en cuenta y convocado para todo esto”, explicó el papá.

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Los miedos de la gente 

Matías dio su parecer: “El problema no es que haya desconocimiento sobre esta discapacidad en la sociedad. Sobre otro tipo de discapacidades también la hay. El problema es cuando los padres no quieren que se junten con un chico como Francesco, cuando la gente deja de incluirlo. Cuando lo ven como algo raro, contagioso, eso sí es preocupante”.

“Hay chicos con Síndrome de Down que atienden en un comercio y que tienen distintos tipos de habilidades, les puede gustar algo más o menos, pueden tener un carácter u otro. Y no tienen un límite ellos, no tienen un techo, no hay distintos niveles en esta condición”, continuó.

La gran historia del Máximo Navesi

Matías contó el regalo que recibieron Francesco y Mariano: “Dentro del Máximo Navesi se dio una historia realmente muy linda y es que el resto de los chicos le regalaron a Francesco y Mariano una camiseta para cada uno, en otra muestra del cariño y la predisposición que hay para con ellos en el club. Las donaron papás de otras divisiones”.

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Guillermo, Claudia, Francesco y Matías.

Los Pumpas vienen a Mendoza

El 12 de noviembre los Pumpas XV, el equipo argentino de Mixed Ability, una especialidad que constituye una segunda etapa del rugby inclusivo, y de la que participan, por partido, 6 o 7 jugadores con discapacidad intelectual y 8 o 9 facilitadores, que aportan el juego y la filosofía de éste, tanto dentro como fuera de la cancha, vendrá a Mendoza para disputar encuentros ante Los Tordos y Marista. Los Pumpas XV (el nombre sale de la mezcla entre Pumas y Pampas) es entrenado por Daniel Fernández, una de las personas que ayudó a Matías Ceglie en su idea de innovar con el rugby inclusivo en Mendoza.

Fuente: http://elinterior.com.ar/2016/10/el-rugby-inclusivo-una-puerta-que-se-abre-y-una-historia-que-merece-ser-contada/

Sobre Natalia Imazio

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